Propuesta de texto de FESALE contra la política de seguridad pública

Desde hace varios años, en muchos países de Europa, se desarrolla una política de seguridad pública que se despliega de manera coherente en varios campos. El 11 de septiembre de 2001 la permitió justificar e intensificar: ahora son las libertades individuales, colectivas y sindicales a las que se apunta (en especial al derecho a huelga). Abarca a la vez la actitud represiva para con la inmigración (asimilada, cuando no está declarada, a un delito suponiendo una respuesta puramente negativa, como lo indica la expresión « los clandestinos »), para con cierta juventud considerada ineducable y asocial (en especial si sale de la inmigración y/o viene de los bloques de viviendas de los barrios « populares »), para con la miseria y el paro (cuya responsabilidad se achaca entonces a la propia víctima) y para con los militantes opuestos a la dominación neoliberal (más o menos asimilados a delincuentes)1. Más allá, incluso se ataca a toda forma de « desorden » e inconformidad.

De modo general, acorde con la lógica neoliberal, dicha ofensiva cumple la función de compensar a su manera la retirada del Estado social. En efecto, mientras menos invierte éste en la salud, la educación, los servicios sociales, el empleo, etc., más necesidad siente de reprimir a las víctimas de su retirada. Al culpabilizar, criminalizar y penalizar a la juventud, a la inmigración no declarada, a la miseria y a los militantes inconformes, justifica su irresponsabilidad en esos campos. Al negar las realidades sociales convirtiéndolas en una suma de casos individuales, la falta de política social pasa desapercibida las más veces, y parece natural.

Fesale tiene una responsabilidad particular al respecto. Dicha política tiene en efecto una existencia europea que hace insuficientes las resistencias nacionales. Resulta especialmente evidente en cuanto a los sin papeles, y la marcha francoinglesa respecto al centro de Sangatte constituye en esta perspectiva una iniciativa de sumo interés. Por otra parte dicha política cuestiona la misma función educativa. Al afirmar que ciertos jóvenes son ineducables, se pretende justificar que por lo tanto no tienen sitio en los diferentes sistemas educativos. Así desaparece la legitimidad del derecho a la educación, a provecho de una relación individual con la escuela, en la que el joven debe demostrar su « aceptabilidad »: se trata, pues, de « merecer » su acceso al sistema educativo. En efecto, si la escuela se merece, ya no constituye el objeto de un derecho y de una reivindicación legítima. En el fondo, el modelo del contrato tiende a volverse la referencia incluso en el campo escolar (la comisión europea, en especial, no deja de alabar este modelo en nombre de la motivación de los alumnos y de la eficiencia en cuanto a inserción en el mercado del trabajo). Tal regresión ideológica nos aparece a un tiempo escandalosa y sumamente inquietante.

Por otra parte es necesario dejar a las claras la impostura en la que estriba esa tesis de que la represión permitiría luchar eficazmente contra la inseguridad. Hay que recordar, en efecto, que el propio neoliberalismo produce la mayor parte de la inseguridad de la que pretende deshacernos. La destrucción de los derechos sociales encamina al individuo a una perpetua lucha personal para asegurar la supervivencia y al tiempo conseguir una u otra forma de reconocimiento. En el fondo no existe ruptura entre el tráfico mafioso que se desarrolla por ejemplo en torno a la droga, y una forma de delincuencia burguesa « de cuello y corbata » que los múltiples casos de corrupción y escándalos financieros vuelven a evidenciar cada tanto. Los dos son cara y cruz de una misma moneda. Para nosotros no se trata, pues, de soñar e idealizar a una juventud rebelde, aunque torpe o excesiva, sino de luchar contra una ofensiva que le permite al neoliberalismo desarrollarse tanto entre los dominantes como entre los dominados.

Por lo tanto, resulta esencial para nosotros:


1 Por supuesto, esta lista no puede ser exhaustiva. Se tendrían que añadir, entre otros, a los Rom y a prostitut@s